Tumpik
#relato corto
entre-el-cielo-y-la-tierra · 5 months ago
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Nunca lo sospechaste. Jamás te di ninguna indicación de que, desde el primer momento que te vi, te sentí tanto que me hirvió la sangre. La pasión que se despertaba al verte era violenta e incandescente. En el pecho, un fuego rugía, calcinándome el anhelo que se desgajaba de mis ojos y, a la sed, me la volvía un desierto en los labios. Pensarte era un beso lleno de un verano candente y de un invierno cortante que a mi piel enchinaba, al mismo tiempo que la hacía hervir. Tantas veces me llevaste al borde de la locura con sólo sonreír. Sorbía el sonido de tu voz como incontables caricias que me dejaban sin aire y llena de rocío para tus labios. Quise negarme el calor de tus brazos y el de tus labios, pero no podía dejar de imaginarme todos los sabores y texturas que hallaría en tu piel de sólo atreverme a tocarte, a robarte ese beso que tanto deseaba, desde hace tanto tiempo; ese beso que, tantas veces y de tantas formas, ya te había dado. Construía universos enteros llenos de fantasías; posibilidades y escenarios que daban vuelta y se repetían en un ciclo exponencial e infinito. Me comía mis anhelos, como una confesión enterrada en una hostia bendita, mojada en el rojo vino del deseo. Callé y callé y no dije nada. No sé la verdad cómo lo pude resistir. Años de lo mismo. Juré varias veces perder la cordura. Hubo veces que llegué a pensar que te odiaba y que no era atracción lo que sentía, por lo que me hacías; me provocabas perder el control, a mí que siempre me había preciado de ser tan racional y disciplinada. No importaba que nadie más lo supiera o sospechara, lo sabía yo y eso era suficiente. Por eso decidí aprenderte para desvirtuar este loco enamoramiento que engendrabas en mí, así que, en silencio, te fui desnudando, poco a poco, a través de los años, hasta conocer todos los colores de tu alma; memoricé cada una de sus líneas y cada uno de los paisajes que la componían, hasta que pude oírte hablar en el silencio que tanto amabas. Mis ojos te seguían y te aprendían a diario, aunque tú no te dieras por enterado. Aprendí que eras sincero, hasta el punto de ser hiriente y que, por prudencia, muchas veces callabas y preferías no decir nada. Eres empático por naturaleza y por eso también prefieres ser algo solitario. No tienes paciencia para las estupideces y odias perder tu tiempo. Tienes pocos amigos, pero eres leal y entregado al mil. Tienes altas expectativas de la gente por lo que, generalmente, te decepcionan. Sé que amas leer, tanto como yo, así como también las conversaciones inteligentes, llenas de sabiduría y de alma. Sí, fui dándome cuenta que, esto que sentía por ti, era más profundo y complicado que lo que, superficialmente, parecía ser simple química. Era como si mi alma oyera a la tuya y se despertara. Te amaba, no me quedaba duda alguna. Por eso hoy, último día de secundaria para ambos, me atreví. Y lo que, tal vez, otros vieron como un acto impulsivo, era ya un amor de años. Sentí tu sorpresa, cómo temblaron tus labios, pero, en ese momento, los abriste y supe que no había imaginado esta conexión que va más allá de toda lógica tan llena de magia. 
e.v.e.
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nekirorgen · 28 days ago
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Muchas veces las sombras me arrastran. ¡Pum! Me toman del cabello y me halan a la sala de reuniones, a esa que apesta, a la que está justamente a un costado de la cloaca de mi inconsciente. Hacen que me siente. Pudredumbre. Mierda. Muerte... Mmm, no... Mejor dicho: Vida. Esto es la vida, ser secuestrado en el momento menos pensado, por los fantasmas patanes de la profundidad del iceberg. Silencio. Asfixia... Y súbitamente... ¡Chaz! Se encienden de entre las penumbras las flamas de los encendedores, y yo, que no fumo, he de fumarme mil cigarros, llenar mis pulmones de humo y vivir, sí, repito, vivir, es decir: sentir a flor de piel las emociones que carcomen hasta el alma, porque ahí está frente a mí 'miedo' observándome con esa mirada característica de aquella alma extraviada, de aquella que aún escondida y fuera de peligro, insiste en ser perseguida. Entonces coloca el puro en mis labios y lo enciende con sus temblorosas manos... "¿Ahora sí me enfrentarás y quitarás esta vibración molesta de mi entidad? Necesito que me mires, me estoy muriendo... Ponme un nombre, bautízame y libérame..." Me dice en tanto la niebla de la nicotina se desliza por mi garganta, entonces sin pensarlo le miro a los ojos vueltos nada, toso un poco y carraspeo: 'Yo no cuento con el poder de bautizar, Dios me ha excomulgado y sólo sus hijos poseen ese don de nombrar emociones. Hace tiempo que me importas lo que pende de tus órbitas. Nada.' Acerca su pálido rostro a mi mejilla y su mano izquierda la empuña para colocarla en la boca de mi estómago. "Cobarde... Eres un cobarde.", dice y yo sonrío.
—Nékir. Miedo
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annetorres-blog · 6 months ago
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ABUELA Y YO
En todos los pueblos hay una loca de los gatos. Pues bien, la de mi pueblo era mi abuela. Vivíamos ella, madre, tía y yo — el único gineceo del lugar — todos los gatos del mundo (imposible bautizar a cada uno), las tortugas Flecha y Dartañán, un cotorro llamado Teo, Kasán, un perro que tenía de bonachón todo lo de grande y el pato Martínez. Como tenía andares de señorito, abuela y yo, decidimos que era director de la sucursal de un banco. Por esa razón, la sola presencia de Martínez bastaba para que me desternillase. En cambio, a mi vecino no le gustaban mucho los gatos. De vez en cuando, salía en calzoncillos al balcón para matarlos con un rifle de balines. Entonces, abuela se volvía loca y le gritaba "¡asesino!", "¡sinvergüenza!". Abuela era analfabeta, pero se sabía todos los refranes y más cuentos que nadie. "Abuela, cuéntame otro". Y siempre tenía uno nuevo. Se movía entre lo real y lo maravilloso con una pasmosa facilidad. En eso, abuela y yo nos parecíamos. Además, sabía los nombres de las hierbas y quitar el hipo, los orzuelos, el dolor de barriga y las verrugas con magia. Mucha gente venía a casa para solicitar sus servicios. Y todo el mundo quedaba muy contento. A modo de recompensa, le dejaban almendras, aceite o miel. Nunca aceptaba dinero: hubiera perdido la gracia. Abuela tuvo mucha familia, pero ella y yo teníamos una relación especial. Me enseñó todos sus trucos. Y, por ella, hablo valenciano y decidí hacerme vegetariana, ¿Quién, en su sano juicio, se comería al director de la sucursal de un banco?
#escritora #queridodiario #abuela #abu #recuerdos #relatobreve#cuentocorto #mujeres #mujeresescritoras #brujas
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jorgema · 7 months ago
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— Me fui…
Fue lo primero que me dije al despertar, porque hoy, al abrir los ojos no me sentía yo mismo.
Me senté en la cama y me sentí un completo extraño en mi propio cuerpo. Luego de un par de minutos viendo a la nada, llegué a la conclusión que debo ser alguien más, alguien muy distinto a mí, alguien a quien no conozco y alguien que es ajeno a mi propia existencia.
Vi el reloj en la pared y éste marcaba las seis y seis de la mañana. Me puse de pie y fui al espejo y me vi, pero esa sensación de sentirme alguien más estaba presente incluso allí frente a mi propio reflejo. Me sentía apartado de mí, como si estuviera viendo a otra persona frente a mí, una que era totalmente diferente. Entonces, me dije en voz alta: — Esa no es mi mirada, esos no son mis ojos; ese no soy yo, y la verdad, no se a dónde me me fui en este momento.
Me metí en la ducha, y allí bajo el agua e incluso tocando mi cuerpo sentía que era el cuerpo de alguien más, hasta me sentía incomodo pues sentía que esa no era mi piel, me sentía un usurpador en el cuerpo de alguien más; definitivamente no era yo.
Creí que todo era un sueño, creí que se trataba de una pesadilla, pero no fue así, algo aún me hacía sentir que eso que sentía era real. Así que me cambié, tomé un té y salí. Caminé por la calle de mi ciudad, recorrí los lugares que frecuento tratando de encontrarme en ellos. Platiqué con mis amigos tratando de saber si ellos sabían algo de mí, algo que me permitiera regresar, pero todo fue inútil.
Al llegar de nuevo a mi casa, me senté en completa oscuridad y pensé: — Bueno, no me encontré, me busqué y fracasé. Lo único que me queda es seguir y vivir está «mi no vida». Luego, luego vino a mí un inmenso impulso por escribir. Suspiré profundamente y comencé a poner en palabras todo eso que sentía en es momento, y mientras lo hacía, cómo si nada hubiera pasado, regresé, volví a ser quien era. No sé a dónde me fui, pero escribir me trajo de la distancia, me trajo de vuelta de ese lugar que rapto mi existencia y me había cambiado por otro.
• Me fui (el día que fui otro)
— Relato Corto || @jorgema
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palomazerimar · 7 months ago
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Hoy me encontré con la muerte, la vi de cerca, pude sentir su esencia, fría y triste… cálida y serena.
Hoy mientras caminaba por la acera, fui testigo de la separación del alma con el cuerpo. Un joven que estaba de pie esperando atravesar fue embestido por un automóvil que venía a gran velocidad. Al otro lado de la acera estaba yo, daba pasos firmes sin imaginar lo que estaba por acontecer. La gente cercana al incidente corrió a auxiliar al chico, honestamente yo me paralicé, quería desaparecer, sentí que algo me arrancaban por dentro, ahí en el corazón. Gritos de ayuda surgieron, el conductor bajó del auto, todo era desesperación y caos.
Caminé como pude. Me acerqué lentamente… el joven tenía 20 años aproximadamente; pensé en mi hijo quien tiene la misma edad, y lo vi en él, al mismo tiempo pensé en su mamá y en el dolor que estaba próxima a sentir cuando se enterara de la noticia.
Un señor le sostenía la cabeza, “respira… No te vayas… Respira…”, el joven se quejaba, su mirada parecía perdida, su cabeza estaba llena de sangre, habría su boca tratando de articular palabra pero era imposible, su aliento se iba desperdigando con la brisa. “Resiste, ya viene la ayuda…”, le dijeron. El joven detuvo el titilar de su mirada —jamás olvidaré esa mirada—, tragó saliva con dificultad, y pude ver cómo exhaló profundamente. De sus ojos se marchitó el brillo, de sus ojos su alma brotó, como de mis ojos las lágrimas. Comencé a orar y a pedir por esa almita que estaba dejando este plano. Un viento gélido impactó el momento. Azrael estaba ahí. Conozco su energía: fría y triste… cálida y serena. Cerré mis ojos y traté de encontrar sosiego para mi acelerado corazón. Todo me daba vueltas.
Desconozco cuánto tiempo pasó, repentinamente salí de esa burbuja en la que me encontraba cuando escuché los lamentos de su mamá quien gritaba: “despierta por favor… despierta…”
Su cuerpo frágil ya no tenía vida. Su espíritu ya estaba encaminado a la luz, ya podía palpar a la nada… ya podía volver con Dios.
Y mientras, allí en ese espacio, la desesperanza embargaba.
Hoy vi a la muerte, pude haber sido yo la que estuviera en el lugar de ese chico, o tú… o cualquiera de nosotros y a estas horas ya no estar aquí en este plano, con la posibilidad de poder decir ‘te amo’, de poder abrazar, besar, volver al hogar, sonreír, llorar o bailar.
A todos nos encontrará la muerte en el camino y sí, nos sorprenderá. Lo aceptemos o no algún día a nosotros también nos llorarán. Así que, por favor… mientras aún latas, ve y busca eso que amas, mientras aún latas no calles, insiste, sonríe, sé feliz, demuestra que eres amor y que has venido a vivir… no hay tiempo, no lo hay, de verdad te lo digo… los planes jamás llegan, la vida es quien mueve las piezas, la vida es quien ordena. No hay un mañana, todo es hoy. Sé espontáneo, lo espontáneo forma parte de la vida, sorprende y déjate sorprender. Termina pronto lo que deba ya terminar, inicia rápido nuevos caminos. La vida se nos va planeando, creemos que tenemos todo el tiempo del mundo, que somos inmortales, lo cierto es que el tiempo se acorta en cada respiro, lo aceptemos o no.
¿Cuántos no se han marchado con la idea de que les faltó tiempo? No… les falto brío por vivir y acción en el hoy. Viviendo el hoy, tomando acciones hoy, nada se nos podrá ir de las manos. Así que a vivir, que hoy estamos… ¿mañana? No lo sabemos.
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—Paloma Zerimar©
Imagen Pinterest.
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esuemmanuel · 3 months ago
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Estuve un largo rato contemplando su sonrisa, no entendía por qué reía, no se me ocurrió mirar hacia dónde miraba. Yo vivía en sus labios. Recorrí con los ojos colmados de brillo su sonriente faz. Se veía tan —no sé cómo explicarlo—. Me hablaba el corazón enamorado. La mente se me puso en blanco. En mis ojos, el color de los suyos, sumergidos en ese presente que nos latía en la sangre. Me grabé sus muecas como si fuesen tatuajes. De pronto, sonreía… Luego, se sumergía en un silencio que me colmaba de inquietud. Esa seriedad en la que se escondía me hacía preguntarme muchas cosas, pero ninguna se las hice saber. Todas las arremoliné en mis ojos. Se pasaba las manos por el rostro, suspiraba profundamente. Se mordía los labios, fruncía el entrecejo. Era inquietud… y yo deseo. Fue tan insistente mi mirada que, en un instante de distracción, volteó a mirarme; no pudo evitarlo, sus mejillas se emocionaron. El carmín se le hizo nido en la faz; muy ligero, muy suave, muy sutil… Pero, tan intenso, que no pudo evitarme que lo viera. Ardían tanto sus mejillas que mis labios no pudieron evitar sonreír
¿Gusto? ¿Placer? ¿Satisfacción? —Aún no lo sé—.
Agachó la mirada, fingió no haberme visto. Se escondió tras sus manos, volvió a cubrirse el rostro. Ahora era yo quien mordía mis labios. Tan cerca, así estábamos, casi podíamos escuchar nuestras respiraciones. Pero, no hablábamos. No tenía caso, el silencio era dulce. Esa dulzura era la melodía de nuestro encuentro. Ver su rostro había sido mi plan; sólo ése, nada más, no era necesario más. Se detuvo el tiempo o eso sentí. Lo que no pude evitar fue llenarme la mente de preguntas que nacían de su silencio. Quise tomar su mano, pero me contuve. Deseé acercarme más, pero no pude. De pronto, su silencio se había vuelto frío. Miedo, era miedo. No era mío. Era suyo. Era un muro entre los dos. "¿Por qué me importa?" Esa fue la cuestión que me comenzó a martillar la mente "¿Qué hay en su ser que me cause quererle?" No lo sabía… Era, tal vez, desear romper las fronteras de ese absurdo que nos condenaba a no ser "¿De dónde surgen los límites?"
"Quisiera borrarme…", escuché salir de sus labios esas palabras. "Quisiera borrarme y reescribirme, volver a empezar, ¿entiendes?" Entendía perfectamente a lo que se refería. Yo también estaba ahí, en ese momento crucial en el que no se sabe qué hacer ni cómo continuar. Sus ojos se pintaron de azul al decir esas palabras, mientras sus dedos enjuagaban la tintura que se derramaba por sus mejillas. Yo callaba. El rubor se fue, así como el deseo, ahora sólo estábamos los dos envueltos en una nube de confusión que no nos dejaba de humedecer. No supe qué decir. En realidad, no había dicho nada en toda la tarde, sólo me había encargado de ver su rostro sonreír. Ahora, lloraba. Sentí el nudo de su garganta atravesarme la piel, así como el ardor que le sofocaba las entrañas al aguantar la pesadez. Quise estirar la mano y colocarla encima de la suya, pero no pude. Quise secarle el llanto que se agolpaba en su faz y tampoco pude. Quise rodear su cuerpo en mis brazos, pero me fue imposible. Quise besar sus mejillas y frente, mas, el corazón parecía que se me iba a reventar. Esas palabras que dijo, esas palabras eran, para mí, el filo de una espada que acababa de rebanar a mi voluntad. Reescribir significaba borrarme. Olvidarme. Enterrarme. Ahogarme. Asesinarme… y lo estaba haciendo al decir esas palabras ¿Qué había hecho yo para terminar siendo borrado así?
"No has sido Tú. He sido yo, ese yo que se ha dedicado a silenciarte", chilló. "¿Quién está llorando? Dime, ¿quién está llorando? Ese yo… Ese yo es el que está llorando. No Tú, Tú no. Tú ríes. Eso eres, risa… y me he dedicado, me he aferrado a callarte la risa. Te he estado asfixiando, poco a poco, es todo culpa mía", gritaba y se compungía. "Te he estado matando, vida mía… y, matándote, me he cercenado las alas", reía y lloraba. Y yo, yo sólo miraba su cara desmorecida.
Se puso de pie, vagó por la sala, mientras yo agachaba la mirada. Mis ojos se llenaron de nubes que lloraban, mis manos de frío que helaba. Luego, me dijo que no podía mirarme a la cara, que no encontraba manera para hacerlo, era tanta la vergüenza que le pesaba en los ojos.
"Necesitas perdonarte", trémulos, mis labios hablaron, después de todo ese silencio que nos estuvo acechando. Mi voz viajó a sus oídos. "He escuchado hablar tanto del perdón que he olvidado qué es y para qué sirve", se abrazó con pesadumbre. "Ven a Mí", le dije.
"El perdón no es, ni será jamás, para los otros. El perdón es para ti y desde Ti.
No hay juez más amargo que el que yace dentro de tu cabeza.
No hay dedos que señalen más que los de tus manos.
No hay voz más hiriente que la de tus labios ni espada más filosa que la que blandes con tus propias manos.
Es a Ti a quien debes procurar. Es a Ti a quien debes cuidar. El mundo siempre hablará, pero en tu cabeza está la decisión de escucharlo".
"No voy a volver…", le callé la boca con mi dedo índice y susurré muy cerca de su oído "Deja al no fuera de ti… Reescríbeme, pero no me borres. Hagamos de nuestro espacio la ventana secreta a la creación. No es necesario pasar la página ni tampoco cerrar el libro. Hay espacios vacíos que podemos llenar con la magia llamada «presente». Voy a leerte como lo hice antes de conocerte. Voy a escribirme como lo hice antes de conocerme… y seremos Uno, siendo felices".
— Esu Emmanuel©, El Tratado Del Alma.
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una-ecritora-emperdenida · a month ago
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El batir de sus alas fue el inicio de su tan ansiada libertad, mientras que para él fue el comienzo de su destrucción, pero por ella lo haría una y mil veces más.
— Una-escritora-emperdenida
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revesnocturnes · 2 months ago
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susurros-del-alma · 8 months ago
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Primera parte:
Sin embargo, continué. La noche gris parecía dormida, quieta... no se oía ningún ruido ni había ningún indicio de que pudiera cruzarme con alguien. Seguí deambulando sin saber a dónde ir. No reconocía nada, todo a mi alrededor parecía raro, como una escenografía montada donde nada es real. Otra vez el dolor en mi pecho, como punzadas continuas en el mismo lugar. Junto con mi ropa, empuñaba la molestia que sentía, me oprimía demasiado. De pronto creí escuchar algo -era tanto el silencio que podía haber escuchado una aguja caer al suelo-, volteé a mirar, una figura humana caminaba a unos metros, venía frotándose las manos por el intenso frío. No sabía si detenerme y esperar a que llegara a mi encuentro o avanzar. No distinguía si se trataba de un hombre o una mujer. ¿Quién en su sano juicio andaría fuera con este clima tan espantoso?, pensé, aunque también se me ocurrió pensar que, del mismo modo que yo sentía temor, la persona podía percibir lo mismo. Aminoré la marcha, faltaba poco para que pudiera alcanzarme; cerré los ojos mientras rezaba por dentro esperando que la única alma que me cruzara no pudiera dañarme de algún modo. Se aproximaba cada vez con más rapidez, casi podía sentir su respiración agitada.
Maru
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leukiel · a year ago
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Ella... mi Tierra.
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Y... ¿Qué le vamos a hacer? Si voy enamorado de aquella mujer terrenal. Absorto en su energía de viento estoy. ¿Qué le voy a hacer si la vi, y su ternura me embriagó? Pero yo, sin poder avanzar estoy, en el bermellón de mi planeta, en la tierra árida, en mi gusto que va seco... cierro los ojos y es su océano lo que más quiero, pero está lejos... muy lejos. Y mis manos tiemblan por alcanzarla, corro tras ella, pero ella pareciera estar de mí separada. Y algo en mi interior duele, cala, molesta... entonces mis ojos se lastiman, porque no pueden llorar siquiera, el agua es un elemento que va escaso en mi lugar, incluso las lágrimas son un lujo que no me puedo dar. Desolado estoy sin esa mujer, sin el agua que vive en el brillo de su mirada, en la savia de su boca, en sus poros que fulguran como joyas. Triste es mi vida sin su presencia... y lo es más aún porque no sé si exista en verdad. Yo la he imaginado, la he despertado en mis locos sueños, cuando esbozo su nombre en mi boca carente de voz... la he atisbado con sus párpados cerrados, tal vez pensándome... tal vez invocando mi amor. La he visto vagar solitaria por senderos de terracería, donde no se aprecia más que un vacío plagado de luciérnagas plateadas. Estrellas que hacen un sonido, que chillan beatíficamente, que se expanden y se contraen. La he visto andar con un vestido ligero... descalza, con sus cabellos sueltos, danzando al ritmo de un ventarrón. Y no se detiene, sigue como si sus pies no se dolieran al pisar las pequeñas piedras. Y de sus fosas nasales emana un vapor, uno que lleva la luz del sosiego, azul... azul como su cielo. ¡Cuánto la anhelo! ¡Cuánto la quiero! Pero... despierto... veo a mi alrededor y sigo perdido en este desierto.
—Leukiel.
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entre-el-cielo-y-la-tierra · 5 months ago
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"Desde que estamos juntos..."
Me dijiste esas palabras y sentí se me abrió el corazón al vuelo de diez mil mariposas. Se prendió mi pecho con el fuego de mil estrellas y ardí hermosa.
Desde que estamos juntos...
El color del mundo es el de tus labios y el del tiempo es el de tu abrazo. La vida me canta en cada célula como un ruiseñor enamorado y es tan dulce el rugir del mar de mi sangre.
Desde que estamos juntos...
Sopla el viento aún más fuerte bajo mis alas y me  eleva a planos más altos. Mi libertad explota dejando aun a mi oscuridad teñirme de todos los colores de la noche que llevo dentro.
Desde que estamos juntos...
Se me desborda el anhelo de abrirme el alma y desnudarme allí, frente a tus ojos, y ya no quiero mas nada que guardarme en la infinidad de tu ser y palpitar perdida en tu universo.
e.v.e.
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doomsdayweekly · 5 months ago
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Relato para Santiago en 100 palabras (decimonovena versión) que nunca vió la luz. Por años intenté ganar este concurso o al menos aparecer entre los 100 mejores cuentos, más que desear el premio, buscaba ver manifestada físicamente mis ideas en algún lugar y los comentarios que conllevan el ser parte de las paredes del Metro de Santiago. Lamentablemente, no ocurrió (Quizás por las faltas de ortografía o puntuación) Pero nunca es tarde para manifestar una idea, sin importar el espacio.
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annetorres-blog · a month ago
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NI EN EL CIELO NI EN EL INFIERNO
En Benichembla, por dónde se ha quemado, había un herrero de lo más laborioso. Su único problema era que vivía cerca del infierno y los demonios siempre iban a su casa para solicitar sus servicios. Cosa que tenía harto al bueno del herrero, básicamente, porque no cobraba por estos trabajos.
Un buen día, San Pedro, que se encontraba, de casualidad, por los valles, le pidió alojamiento. Alguien le advirtió:
- Herrero, este hombre es San Pedro. No seas bruto, y, cuando se vaya, y te pregunte lo que pides de pago, dile que un trocito de cielo.
- Muy bien. Pero yo ya sé lo que tengo que decir...
San Pedro quedó muy satisfecho del trato recibido en casa del herrero. Y, como era de esperar, le preguntó que pedía como recompensa. A lo que, imprevisiblemente, el herrero respondió:
- Un peral mágico. Quien lo toque, se quede pegado hasta que yo ordene lo contrario.
-¿Estás seguro, Herrero? Mira que en el cielo vamos cortos de espacio y es conveniente reservar.
- Peral.
-Muy bien. Ahí lo tienes.
Inmediatamente apareció un espléndido peral grande y joven. Así, cuando los demonios volvieron a pedirle un favor, el herrero los hizo subir al árbol mediante engaños. Sus gritos de dolor, mientras trataban de despegarse, resonaron por todo el valle. En el infierno se corrió la voz del incidente como la pólvora... Y los demonios jamás volvieron a molestarle.
Pasaron muchos años hasta que el herrero murió. Cómo tenía el infierno cerca, pasó por allí, a ver si lo recibían. No obstante, los demonios, nada más verlo, cerraron sus puertas a cal y canto: habían declarado al herrero persona non grata desde aquel incidente del peral.
Entonces, decidió ir a las puertas del cielo. San Pedro, cuando vio sus credenciales, recordó que había cedido su espacio allí a cambio de un árbol encantado. De modo que el herrero tampoco pudo pasar...
Este previsible contratiempo causó su, también, previsible fastidio. No obstante, pensó: "no me quieren ni en el cielo ni en el infierno. Pues no pasa nada. Me regreso a casa." Y así lo hizo.
Allí ha estado, el herrero, todos estos años. Hasta que, el otro día, tuvieron que desalojar a los habitantes del valle a causa del fuego...
He preguntado por él varias veces y nadie sabe dónde está... Si lo véis, decidle que pronto podrá volver...
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tiempoydestino · 11 months ago
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Ven, acompáñame al ático.
Quiero mostrarte algo.
Cuidado con el escalón.
Está muy levantado, lo sé.
Luego lo arreglo.
¿Impresionante, no?
¿¡Qué!?
¿No te gustan mis frascos?
Debes de ver más profundamente.
¿Ya los ves?
¿No?
Te lo digo, es mi colección de fantasmas.
Los he coleccionado.
De cada viaje.
Es fácil encontrarlos.
De cada edificio abandonado.
De templos en ruinas.
Sitios arqueológicos.
Y calles destrozadas.
Malls olvidados.
Burdeles sin habitantes.
Hogares desolados.
En donde nadie quiere mirar.
Ahí se quedan grabados sus recuerdos y confesiones.
En el éter.
Cada momento agradable y no tan agradable.
Luego los meto en un frasco —limpio, lo mejor para ellos.
¿Cómo le hago, te preguntarás?
Uso palabras bonitas.
Ya sabes.
Y ahí los tengo.
Ahí se quedan.
Les doy un hogar.
Y ahora me acompañan.
...
Iré al grano.
Me queda poco tiempo.
Se aproxima mi destino.
Y en un frasco se quedará mi recuerdo.
Quiero que los cuides.
Te los obsequio todos.
Y el nuevo también.
Limpio te lo aseguro.
¿Los quieres recibir?
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ithanhgrey · 4 months ago
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El Pozo y el Péndulo, de Edgar Allan Poe
¡Ya era hora!
Con este relato, Poe nos pone en la misma piel de los inenarrables horrores perpetrados por la Inquisición española, o al menos los horrores que la mente humana es capaz de pincelar según los registros históricos y leyendas sobre la indiferencia humana hacia el dolor ajeno, todo en nombre de Dios y Jesucristo. Nos situamos en Toledo, en las carnes de un reo cuyo crimen nos es desconocido,…
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esuemmanuel · 8 months ago
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Eterna Hermandad.
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Había perdido media hora mirando a la hoja en blanco, no tenía idea de lo qué quería escribir, aunque se había prometido escribir algo, lo que fuera, para sentirse productiva, al menos por el día. Pero, ¿a quién engañaba? Tenía la cabeza llena de ruido, de ideas que no sabía cómo aterrizar en la hoja, se pasaba las manos por el cabello, se apretaba las sienes, tomaba grandes bocanadas de aire para llenarse los pulmones, pero, más que eso, buscaba encontrar en el aire que tragaba una palabra que cimentara el comienzo de esa historia que tenía que escribir. Sí, se había auto-impuesto una tarea y debía cumplirla si quería sentirse segura de lo que hacía con su vida. Era escritora. Ya había publicado un par de libros con mediano éxito y se había hecho de un respetable número de lectores que le exigían más. Sin embargo, de un tiempo al presente en el que se encontraba, se sentía embotada, llena y bloqueada. No tenía caso seguir perdiendo más tiempo ahí, sentada ante la pantalla, mirando el cursor parpadear, demandándole atención y esfuerzo. Se levantó enfadada, caminó hacía la estancia, tomó un suéter, una bufanda y salió a caminar. Ya era tarde. El cielo yacía colmado de silenciosos astros que parecían lloverle encima. Había poca luz en la calle, una muy tenue y parpadeante. Era de su predilección salir a dar paseos nocturnos, pensaba que eran una buena manera de obtener inspiración, ya que no había gente que la molestara, así no le dirigiera la palabra. No le gustaba la gente, y pensar que dependía de ella para ser alguien en la vida. Mientras pensaba en la ironía de esa realidad, elevó la mirada al firmamento y esperó. Cerró los ojos, aspiró el aroma del viento, era invierno. El frío le calaba un poco, no tanto como para hacerla regresar a casa. No tenía a qué regresar. No había palabras y las necesitaba. Esperó otro rato más. Metió la mano en el bolsillo trasero de su pantalón para mirar la pantalla de su celular; había sentido una ligera vibración en su posadera. Miró con un ligero desconcierto, topándose con un corto, pero significativo mensaje.
“Estoy fuera de tu casa. Necesito hablar”.
Devolvió el celular al bolsillo de su apretado pantalón y, sin pensarlo mucho, regresó corriendo. En el trayecto imaginaba qué era lo que había arrastrado a su mejor amiga a su casa a esa hora. No era un buen momento para hablar; no quería hacerlo, estaba aturdida y molesta por no poder empezar su trabajo, sin embargo, no lo pensó dos veces y corrió. No podía hacerla a un lado. Era su amiga, casi su hermana. Hace tiempo que se conocían. Mientras corría, recordaba.
Continúa aquí...
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una-ecritora-emperdenida · a month ago
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Ataúd
La oscuridad era parte de él, te tragaba y no te soltaba. Te destruía el corazón al verlo descender tan lentamente que desesperaba. ¿Por qué? ¿Por qué te llevas lo que más quiero? ¿Por qué la encierras en la oscuridad cuado es lo que más teme? ¿No puedes simplemente liberarla? Quiero que la devuelvas ¡Devuelvela! Escupela de tus entrañas duras de madera. No cierres esa puerta del no retorno. No la entierres en las profundidades de la tierra para que sea olvidada.
¡Maldito Ataúd!
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